Erróneamente se llama Santos Templarios a aquellos que fueron o son venerados por los Caballeros de la Orden del Temple, ya que no son propiamente dichos Santos de la Orden, pero si han sido venerados siempre por los Templarios.

Los Santos Templarios que se siguen venerando hoy en día son:

· San Juan El Bautista.

· Ntra. Sra. María Magdalena.

· San Jorge (Patrón de los Cruzados).

· San Miguel Arcángel.

· San Bartolomé.

· San Blas.

· San Bernardo de Claraval. (Posterior a la E.M.).

San Juan El Bautista. (24 de Junio).

cache_2415682568La voz del que clama en el desierto

Martirio de San Juan: 29 de agosto

Precursor del nacimiento y de la muerte de Cristo.

Hijo de Zacarías e Isabel, pariente de la Virgen María, es el precursor de Jesucristo. En esta misión se entrega totalmente viviendo en penitencia, austeridad, y celo por las almas. Bautizó a Jesús en el Jordán. Es el último y mas grande de los profetas del A.T. ya que es puente con en N.T. Mártir.

Antes de la venida de Jesús, Juan proclamaba un bautismo de arrepentimiento [Hechos 13:24]. Juan fue enviado a cumplir la profecía de Malaquías [Mal. 3:1; Lk. 1:76; Also Lk. 3:15-8; Mk. 1:4; Acts 19:4]

La humildad de Juan hizo posible que Dios hiciera grandes cosas por medio de Él, Cf. Hechos 13:25.

“Conviene que El (Jesús) crezca, y que yo disminuya” -San Juan Bautista.

Ntra. Sra. María Magdalena. (22 de Julio).

La cantidad de iglesias que la Orden del Temple dedicó a esta Santa creo que habla por si sola.

María Magdalena es mencionada, tanto en el Nuevo Testamento canónico como en varios evangelios apócrifos, como una distinguida discípula de Jesús de Nazareth. Es considerada santa por la Iglesia Católica Romana, la Iglesia Ortodoxa y la Comunión Anglicana, que celebran su festividad el 22 de julio. Reviste una especial importancia para las corrientes gnósticas del cristianismo. Su nombre hace referencia a su lugar de procedencia: María de Magdala, localidad situada en la costa occidental de lago de Tiberíades. Hay quien pone en duda su existencia histórica, aunque autores ateos o agnósticos expertos en el “Jesús histórico” no dudan de su historicidad.

Los datos que nos ofrecen los evangelios son escuetos. Lucas nos informa que entre las mujeres que seguían a Jesús y le asistían con sus bienes estaba María Magdalena, es decir, una mujer llamada María, que era oriunda de Migdal Nunayah, en griego Tariquea, una pequeña población junto al lago de Galilea, a 5,5 km al norte de Tiberias. De ella Jesús había expulsado siete demonios, que es lo mismo que decir “todos los demonios”. La expresión puede entenderse como una posesión diabólica, pero también como una enfermedad del cuerpo o del espíritu.

Los evangelios sinópticos la mencionan como la primera de un grupo de mujeres que contemplaron de lejos la crucifixión de Jesús y que se quedaron sentadas frente al sepulcro mientras sepultaban a Jesús. Señalan que en la madrugada del día después del sábado María Magdalena y otras mujeres volvieron al sepulcro a ungir el cuerpo con los aromas que habían comprado; entonces un ángel les comunica que Jesús ha resucitado y les encarga ir a comunicarlo a los discípulos.

Juan presenta los mismos datos con pequeñas variantes. María Magdalena está junto a la Virgen María al pie de la cruz. Después del sábado, cuando todavía era de noche se acerca al sepulcro, ve la losa quitada y avisa a Pedro, pensando que alguien había robado el cuerpo de Jesús. De vuelta al sepulcro se queda llorando y se encuentra con Jesús resucitado, quien le encarga anunciar a los discípulos su vuelta al Padre. Esa es su gloria. Por eso, la tradición de la Iglesia la ha llamado en Oriente “isapóstolos” (igual que un apóstol) y en Occidente “apostola apostolorum” (apóstol de apóstoles). En Oriente hay una tradición que dice que fue enterrada en Éfeso y que sus reliquias fueron llevadas a Constantinopla en el siglo IX.

María Magdalena ha sido identificada a menudo con otras mujeres que aparecen en los evangelios. A partir de los siglos VI y VII, en la Iglesia Latina se tendió a identificar a María Magdalena con la mujer pecadora que, en Galilea, en casa de Simón el fariseo, ungió los pies de Jesús con sus lágrimas.

Por otra parte, algunos Padres y escritores eclesiásticos, armonizando los evangelios, habían identificado ya a esta mujer pecadora con María, la hermana de Lázaro, que, en Betania, unge con un perfume la cabeza de Jesús. Como consecuencia, debido en buena parte a San Gregorio Magno, en Occidente se extendió la idea de que las tres mujeres eran la misma persona. Sin embargo, los datos evangélicos no sugieren que haya que identificar a María Magdalena con María, la que le unge a Jesús en Betania, pues parece que ésta es la hermana de Lázaro. Tampoco permiten deducir que sea la misma que la pecadora que según Lucas ungió a Jesús, aunque la identificación es comprensible por el hecho de que San Lucas, inmediatamente después del relato en que Jesús perdona a esta mujer, señala que le asistían algunas mujeres, entre ellas María Magdalena, de la que había expulsado siete demonios.

Además, Jesús alaba el amor de la mujer pecadora: “Le son perdonados sus muchos pecados, porque ha amado mucho” (Lc 7,47) y también se descubre un gran amor en el encuentro de María con Jesús después de la resurrección. En todo caso, aun cuando se tratara de la misma mujer, su pasado pecador no es un desdoro. Pedro fue infiel a Jesús y Pablo un perseguidor de los cristianos. Su grandeza no está en su impecabilidad sino en su amor.

Por su papel de relieve en el evangelio fue una figura que recibió especial atención en algunos grupos marginales de la primitiva Iglesia. Son fundamentalmente sectas gnósticas, cuyos escritos recogen revelaciones secretas de Jesús después de la resurrección y recurren a la figura de María para trasmitir sus ideas. Son relatos que no tienen fundamento histórico (a mi parecer, todavía los teólogos de la Universidad de Navarra, no se dan cuenta que todo los evangelios carecen de fundamento histórico, empezando de quienes lo escribieron). Padres de la Iglesia, escritores eclesiásticos y otras obras destacan el papel de María como discípula del Señor y proclamadora del Evangelio. A partir del siglo X surgieron narraciones ficticias que ensalzaban su persona y que se difundieron sobre todo por Francia. Allí nace la leyenda que no tiene ningún fundamento histórico (nos preguntamos que fundamento histórico buscan, para encontrar la verdad) de que la Magdalena, Lázaro y algunos más, cuando se inició la persecución contra los cristianos, fueron de Jerusalén a Marsella y evangelizaron la Provenza. Conforme a esta leyenda, María murió en Aix-en- Provence o Saint Maximin y sus reliquias fueron llevadas a Vézelay.

San Jorge. (23 de Abril).

Patrón de los Cruzados así como de diversos países y de capitales del mundo entero. Su festividad se celebra el 23 de Abril.

Se cree que la leyenda de San Jorge se originó en el siglo IV, habría nacido en una familia cristiana de finales del siglo III. Geroncio, su padre, originario de Capadocia, servía como oficial en el ejército romano. Su madre Policromía volvió a su ciudad natal, Lydda (luego Diospolis, actualmente Lod en Israel, con su joven hijo tras enviudar. Aún así fue capaz de darle una buena educación al pequeño Jorge.

El joven al parecer siguió los pasos de su padre y se unió al ejército poco después de llegar a la mayoría de edad. Debido a su carisma subió pronto de grado, llegando antes de los 30 a ser tribuno y comes. Hacia esa época ya se le había destinado en Nicomedia como miembro de la guardia personal del emperador romano Diocleciano quien reinó entre el 284 7 el 305.

En 303, Dioceclano emitió un edicto autorizando la persecución sistemática de los cristianos a lo largo y ancho del imperio. Su césar Galerio fue el responsable de la decisión y continuaría la persecución durante su propio reinado (del 305 al 311). Parece ser que Jorge recibió órdenes de participar en la persecución, pero que prefirió dar a conocer su condición de cristiano y criticar la decisión del emperador. Un airado Diocleciano reaccionó ordenando la tortura que soportó sin emitir una sola queja, y posteriormente lo ejecutó.

Tras diversas torturas, San Jorge fue decapitado frente a las murallas de Nicomedia el 23 de abril del 303. Los testigos de sus sufrimientos convencieron a la emperatriz Alejandra y a una anónima sacerdotisa pagana a convertirse al cristianismo, que pasarían a unirse a Jorge en el martirio. Su cuerpo fue devuelto a Lydda para ser enterrado.

La historia anterior es, en el mejor de los casos, dudosa. Sin embargo, su veneración como mártir comenzó relativamente pronto. Se tienen noticias a través de relatos de peregrinos de una iglesia construida en Diospolis (la antigua Lydda) en su honor durante el reinado de Constantino I, que se convirtió en el centro del culto oriental a San Jorge.

Hacía los años 518-530, el archidiácono y bibliotecario Teodosio relata que Diospolis era el centro del culto de Jorge. Un peregrino anónimo de Piacenza menciona lo mismo hacía el 570.

La iglesia fue destruida en 1010 y más tarde reconstruida por los cruzados. En 1191 y durante la Tercera Cruzada (1189-1192), la iglesia fue destruida de nuevo por las fuerzas de Shalah ed Din. Una nueva iglesia fue erigida en 1872 y aún se mantiene en pie.

Durante el siglo IV, la veneración al santo se extendió desde Palestina al resto del Imperio Romano de Oriente. En el siglo V su popularidad llegó a la parte occidental del imperio.

En 494 Jorge de Capadocia fue canonizado por el Papa Gelasio I, mas lo incluyó junto con «…aquellos cuyos nombres son justamente reverenciados, pero cuyos actos sólo son conocidos por Dios”.

Esta afirmación no evitaría la creación de diversas historias apócrifas sobre su vida, varias de ellas llenas de milagros. De acuerdo con la Enciclopedia Católica, el texto más antiguo preservado sobre la vida del santo se encuentra en el Acta Sanctorum, identificado por estudiosos como un palimpsesto del siglo V, «lleno de extravagancias y maravillas más allá de cualquier credibilidad”.

Hacía finales del siglo vi., el abad irlandés Adomnanus de la abadia de la isla de Iona relata algunas de las leyendas orientales de Jorge recogidas por el obispo galo Arkulf en su peregrinaje a Tierra Santa en el año 680.

En los comienzos del Islam, el santo cristiano se unió, a través del sincretismo religioso y cultural, con el profeta judío Elías, el predicador judío samaritano Pineas y el santo islámico al-Hadr(‘el verde’) para formar una figura religiosa que era y todavía es venerada en las tres grandes religiones monoteístas.

San Miguel Arcángel. (29 de Septiembre).

También un buen número de iglesias y ermitas dedicadas al culto de este Santo Ángel corroboran su veneración por parte de los Caballeros del Temple.

Príncipe de los ángeles fieles al Señor. Su nombre significa: “¿Quién como Dios?”. En las Sagradas Escrituras, aparece en el Libro de Daniel, en la Epístola del Apóstol Judas y en el Apocalipsis. Como a Gabriel y Rafael, se le llama “Arcángel” en un sentido puramente genérico, pero son los tres altísimos serafines. Su fiesta se celebra el 29 de septiembre.

Aunque la mentalidad moderna se rebele a ello, es cierto que Dios, al componer el poema de la historia humana, concede lugar de preferencia a los espíritus angélicos. Miguel es entre ellos un astro de primera magnitud, figura principal entre los que sirven al trono del Señor y bajan a la tierra para hacer cumplir sus designios. Protector del pueblo de Dios, de Israel, en la antigua Ley; de la Iglesia de Cristo en el Nuevo Testamento. En las Sagradas Escrituras ha hallado su fundamento la piedad popular de todos los tiempos para erigir a San Miguel en Príncipe de los ejércitos celestiales, guerrero victorioso en las luchas cósmicas contra el espíritu rebelde, el Dragón de las Tinieblas.

Miguel y el Dragón frente a frente, el Arcángel fiel contra soberbio Ángel de la Luz. Cada uno manda un ejército de ángeles. Vence Miguel y el Dragón es sepultado en los infiernos.

De esta visión el profeta Patmos se derivan las imágenes medievales del guerrero de alas de plata y labrada armadura, al que no le falta la lanza que destruye al dragón, vencido a sus pies.

La devoción popular, que ha influido notablemente en estos textos litúrgicos y que, por otra parte, tiene ya precedentes en tradiciones judaicas, le considera “Pesador de Almas”, y así le vemos en curiosas miniaturas de la Edad Media, con la balanza de la justicia divina en las manos, felizmente inclinado un platillo hacía la gloria del cielo.

En Constantinopla tenía un templo dedicado a su nombre y era también muy famoso el Mikaelión de Sostenión, cerca de la capital bizantina, donde según la tradición, el Arcángel Miguel habría curado milagrosamente al emperador Constantino.

En Occidente también apareció el Arcángel en repetidas veces; sus apariciones más famosas son las del Monte Gárgano en Italia, alrededor del año 500, y la del Monte Adriano, donde en el 611 el Papa Adriano IV le construye un oratorio, sobre el que más tarde sería el Castillo de Sant Ángelo.

En España alcanzó renombre su aparición en la serranía navarra de Aralar para ayudar al noble caballero don Teodosio Goñi en lucha contra el dragón infernal.

El Mont Saint Michel, en Normandía, con una abadía gótica dedicada a su honor también testificó su ayuda para con los navegantes.

Hoy en día ya no se dan tales apariciones aparatosas, pero el Arcángel se mantiene fiel a su misión de custodio de la Iglesia, como lo proclama la oración a él dirigida al final de la misa, preceptuada por León XIII.

San Bartolomé (24 de Agosto).

Parece que Bartolomé es un sobrenombre o segundo nombre que le fue añadido a su antiguo nombre que era Natanael (que significa “regalo de Dios”) Muchos autores creen que el personaje que el evangelista San Juan llama Natanael, es el mismo que otros evangelistas llaman Bartolomé. Porque San Mateo, San Lucas y San Marcos cuando nombran al apóstol Felipe, le colocan como compañero de Felipe a Natanael.

El día en que Natanael o Bartolomé se encontró por primera vez a Jesús fue para toda su vida una fecha memorable, totalmente inolvidable. El evangelio de San Juan la narra de la siguiente manera: “Jesús se encontró a Felipe y le dijo: “Sígueme”. Felipe se encontró a Natanael y le dijo: “Hemos encontrado a aquél a quien anunciaron Moisés y los profetas. Es Jesús de Nazaret”. Natanael le respondió: ” ¿Es que de Nazaret puede salir algo bueno?” Felipe le dijo: “Ven y verás”. Vio Jesús que se acercaba Natanael y dijo de él: “Ahí tienen a un israelita de verdad, en quien no hay engaño” Natanael le preguntó: “¿Desde cuando me conoces?” Le respondió Jesús: “antes de que Felipe te llamara, cuando tú estabas allá debajo del árbol, yo te vi.”. Le respondió Natanael: “Maestro, Tú eres el Hijo de Dios, Tú eres el Rey de Israel”. Jesús le contestó: “Por haber dicho que te vi debajo del árbol, ¿crees? Te aseguró que verás a los ángeles del cielo bajar y subir alrededor del Hijo del Hombre.” (Jn. 1,43 ).

Felipe, lo primero que hizo al experimentar el enorme gozo de ser discípulo de Jesús fue ir a invitar a un gran amigo a que se hiciera también seguidor de tan excelente maestro. Era una antorcha que encendía a otra antorcha. Pero nuestro santo al oír que Jesús era de Nazaret (aunque no era de ese pueblo sino de Belén, pero la gente creía que había nacido allí) se extrañó, porque aquél era uno de los más pequeños e ignorados pueblecitos del país, que ni siquiera aparecía en los mapas. Felipe no le discutió a su pregunta pesimista sino solamente le hizo una propuesta: “¡Ven y verás que gran profeta es!”

Y tan pronto como Jesús vio que nuestro santo se le acercaba, dijo de él un elogio que cualquiera de nosotros envidiaría: “Este si que es un verdadero israelita, en el cual no hay engaño”. El joven discípulo se admira y le pregunta desde cuándo lo conoce, y el Divino Maestro le añade algo que le va a conmover: “Allá, debajo de un árbol estabas pensando qué sería de tu vida futura. Pensabas: ¿Qué querrá Dios que yo sea y que yo haga? Cuando estabas allá en esos pensamientos, yo te estaba observando y viendo lo que pensabas”. Aquélla revelación lo impresionó profundamente y lo convenció de que este sí era un verdadero profeta y un gran amigo de Dios y emocionado exclamó: “¡Maestro, Tú eres el hijo de Dios! ¡Tú eres el Rey de Israel! ¡Maravillosa proclamación! Probablemente estaba meditando muy seriamente allá abajo del árbol y pidiéndole a Dios que le iluminara lo que debía de hacer en el futuro, y ahora viene Jesús a decirle que El leyó sus pensamientos. Esto lo convenció de que se hallaba ante un verdadero profeta, un hombre de Dios que hasta leía los pensamientos. Y el Redentor le añadió una noticia muy halagadora. Los israelitas se sabían de memoria la historia de su antepasado Jacob, el cuál una noche, desterrado de su casa, se durmió junto a un árbol y vio una escalera que unía la tierra con el cielo y montones de ángeles que bajaban y subían por esa escalera misteriosa. Jesús explica a su nuevo amigo que un día verá a esos mismos ángeles rodear al Hijo del Hombre, a ese salvador del mundo, y acompañarlo, al subir glorioso a las alturas.

Desde entonces nuestro santo fue un discípulo incondicional de este enviado de Dios, Cristo Jesús que tenía poderes y sabiduría del todo sobrenaturales. Con los otros 11 apóstoles presenció los admirables milagros de Jesús, oyó sus sublimes enseñanzas y recibió el Espíritu Santo en forma de lenguas de fuego.

El libro muy antiguo, y muy venerado, llamado el Martirologio Romano, resume así la vida posterior del santo de hoy: “San Bartolomé predicó el evangelio en la India. Después pasó a Armenia y allí convirtió a muchas gentes. Los enemigos de nuestra religión lo martirizaron quitándole la piel, y después le cortaron la cabeza”.

Para San Bartolomé, como para nosotros, la santidad no se basa en hacer milagros, ni en deslumbrar a otros con hazañas extraordinarias, sino en dedicar la vida a amar a Dios, a hacer conocer y amar mas a Jesucristo, y a propagar su santa religión, y en tener una constante caridad con los demás y tratar de hacer a todos el mayor bien posible.

San Blas. (3 de Febrero).

La fecha de nacimiento de San Blas es tentativa y se ubica alrededor del año 283 en Armenia menor, al nordeste de Capadocia. Su martirio, del cual nos ocuparemos más adelante, se cree acaeció posiblemente en el año 316, dado que toda la documentación que hubiese podido llegar a nuestros días, nos acota el autor, ha sido destruida por las persecuciones de cuño persa y más tarde del emperador Diocleciano, quien sentó un triste recuerdo en el Asia Menor. Será Constantino, mediante su edicto de Tolerancia del año 313 el encargado de traer sosiego a tanta persecución encarnizada en contra del cristianismo. Sin embargo, los tiempos no eran los actuales en cuanto a una rápida comunicación. Por lo tanto, el influjo benefactor de este edicto de Constantino no haría sentir su efecto sino con cierta lentitud, esto es hasta su firme implementación.

Entre las escasas fuentes de información sobre el obispo de Sebasto, encontramos una del siglo VI en un compilado de conocimientos médicos, donde surge la primera relación de Blas con respecto al mal de garganta. Desde allí, mediando sus estudios en herboristería, se consideró a este santo una especie de médico y se le tomó como fuente de invocación en la curación de este tipo de malestares y de otros muchos. El Vaticano, luego de su canonización en 1244 (Concilio de Lyon) ha reconocido y establecido su culto formalmente en 1584.

Sin embargo, el culto popular a San Blas llega a Francia entre los siglos IX y X, y le sigue en escaso tiempo su penetración en Suiza y Alemania, probablemente mediante los buenos oficios del Sacro Imperio Romano Germánico. De allí en más, se expande por el resto de Europa, llegando a las Américas de la mano de los conquistadores.

Volviendo a Blas y sus prodigiosos milagros, éstos van desde la curación de personas hasta el restablecimiento de animales, empleando hierbas o bien la señal de la cruz. El comentario de estos prodigios cundía por toda Capadocia, llegando inclusive hasta los oídos de un brutal gobernador romano de esta región llamado Agrícola. De tal suerte, el benefactor es tomado prisionero por las fuerzas gubernamentales y, camino a prisión, son numerosos los milagros que se le atribuyen en beneficio de aldeanos y pastores que le cercaban el paso invocándole favores y milagros.

Fracasado el intento del gobernador de hacer abjurar a Blas mediante el uso de la tortura, lo hace colgar de un árbol y sus carnes son deshilachadas usando una especie de peine de hierro. Es finalmente inmerso con una gran piedra al cuello dentro del agua helada, (junto a ochenta voluntarios que mueren en la instancia) suplicio del cual sale inexplicablemente vivo. Se cree que los ángeles evitaron su muerte a pedido de Dios, cosa ésta que enfureció aún más al gobernador quien atribuyó su supervivencia a cuestiones del empleo de una supuesta magia. De tal suerte que le hace decapitar a efectos de terminar con su influencia en la población. y tratar de hacer a todos el mayor bien posible.

LA ORDEN DE SAN BLAS Y DE LA SANTA VIRGEN MARÍA.

Se estima que esta orden fue creada en el siglo XII por un príncipe de Armenia, en Palestina o en la Cilicia armeniana de la época, al mismo tiempo que hacía su aparición la orden del temple. Es asimismo un hecho que los armenios revistaron en la orden templaría. De allí la asociación de este santo como un patrono templario. Se cree que dicha orden desapareció en el siglo XIII con la irrupción de los mongoles, y también dentro de un reagrupamiento con otras órdenes militares-religiosas más importantes, del tipo de la de San Juan de Jerusalén o del mismo Temple. No olvidemos que tanto los políticos como los religiosos de entonces preconizaban estos reagrupamientos de órdenes caballerescas de menor envergadura en otras de real importancia a efectos de sumar soldados para la reconquista de la Tierra Santa en el marco de una nueva cruzada.

San Bernardo. (20 de Agosto).

Omitiremos hablar de la vida de este Santo precursor de la Orden del Temple, ya que en esta misma Web existe un espacio dedicado únicamente a su vida y a su obra y que podréis ver cuando gustéis. Como se apuntaba este es un Santo de veneración Templaría más de la era moderna.